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02/11/09 | 13:24: Juan Carlos Martínez (Blog Mis tangos) dice:
Sos un muy buen observador de tu jardín y un excelente pintor de sus imágenes a través de las palabras y, en este caso, huelga todo tipo de suposiciones e interpretaciones, ya que todo queda claramente expuesto. Felicitaciones.
02/11/09 | 10:11: adriana (gaviota) dice:
precioso; un pequeño y dulce extrato de vida, me encantó piq piq
02/11/09 | 01:34: Juan Carlos Martínez (Blog Mis tangos) dice:
Me gustó... breve y original...\"Un escarabajo fuera de servicio...\" sugiere situaciones y despierta la imaginación; yo dejé volar la mía y ya tengo mi propia interpretación.
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MomentAños, se nutre de impresiones y vivencias acumuladas en el tiempo las que he tratado de expresar en intentos cercanos al hecho poético y narrativo.
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MomentAños-Soliloquio dentro el placard



Soliloquio dentro el placard

Hoy,  en  el  fondo  de  los  jardines,  un pájaro  sin  apariencia concreta rasgó la tela  de  un indiferente cielo. La superficie  inmensurable acusó  la agresión  alada; que ahora estimo de una golondrina    y produjo  hemorragias de tinte agrosellados   que salpicaron  los cristales de mi ventana,  por la que  nunca  observo  atardeceres  dado  que ya  no  encuentro incentivos  para   ello.

Usted dirá  -¿cómo es posible no apreciarlos?

Le diré: básicamente me son indiferentes.  En los últimos años no me dejo influenciar por los   cambiantes  matices   dorados y rojizos que   embelesan   a millones de personas. Pienso que la visión  actual  de un atardecer es producto del efecto invernadero, la capa de ozono   y en casos del fhotoshop, ficciones  que   engañan  los sentidos  y de lo que  ya en su momento   hablaron los Griegos,temita no menor como puede parecerle y  que  ha  dado  materia  para  engrosar  tomos  y enmarañar   el estudio  de la Filosofía y otras materias afines.

Los auténticos atardeceres,  señor  mío,  sobreviviendo  a  la desidia  y  a  las  pésimas  restauraciones, sólo  se  descubren actualmente  en  las  pinturas  del Renacimiento. Allí  se  han quedado como testimonio  irrepetible,  irrefutable.

Por  lo  expresado,  decidí  entonces  aplicar  el  tiempo    no dedicado  a la observación  crepuscular  a ocupaciones  más provechosas y   acordes con   mi edad real.  Convención cronológica con la que no comulgo. Por ejemplo  jugar Sudoku  o al bañarme   mirar desde las alturas, estando dentro o fuera de la bañera,  las uñas de los pies, partes del cuerpo de vital importancia   las que menos se observan, en especial en los países de clima frío.   Recomiendo  básicamente dedicarle  tiempo  al  dedo  gordo  izquierdo, que  es  el mejor conservado,   no sólo en mi caso, ya que ello  parece ser habitual en muchas   personas,  sin distinción de género.

En todos los casos, la deformación de las falanges esta determinada por  factores comunes que describo: uso prolongado  de calzado rústico  o  inadecuado, apego desmedido a la moda  en contra del confort y el sentido común, profesiones  ejercidas por años,  la genética. Y  eso  sin   olvidar los años transcurridos.

Volviendo a la contemplación de atardeceres, no llevo cuenta de cuántos son los que acontecieron  en mi vida, tomando como partida el   espectáculo inicial que penetró por mis retinas dando información  a  mi cerebro sobre  imágenes  y sensaciones nuevas, que el alucinante mecanismo  rotuló en  el  conocimiento, la  conciencia  y  la  emoción  para  que  ambos  tradujeran en lenguaje  la visión holística de aquella maravilla. Expresiones sensibles, comunes a todo    hombre mas allá  de su  nivel cultural,  -está atardeciendo, -llega  la noche,  -¡se  fue el  día! -¡qué  colores!,  -se ha nublado, -mañana llueve,  -¡qué belleza!,  etc., etc.

Mi primer atardecer  consiente,  no lo recuerdo; no   guardo del  suceso un  mínimo registro , ni de la estación  del año,  menos aún la fecha,  aunque más no  fuere,  aproximada.  Tampoco  si   estuve en compañía,  circunstancia   que de haberse producido hubiera sido un hecho singular, debido  a que soy solitario de nacimiento, llevando a cuestas la  peor forma de aislamiento: saberse   solo, rodeado de personas.   En este aspecto,   el   mote de solitario no me ha preocupado  en momento alguno. La condición de tal no determina   en lo profundo ser buena o mala persona, que es lo que cuenta. Tampoco  me  inquieta  lo  que  digan sobre  mi  comportamiento cuando no esté definitivamente   de cuerpo presente. A la hora de morir,  como ocurre con frecuencia, casi todas  las personas pasan de inmediato a la condición de probos.

Es que en esta sociedad ,de común, ya  sea por  pudor por respeto o conveniencia,  nadie   se atreve a expresar mal juicio  sobre el fallecido,  en especial si no hay conceptos  previos compartidos para asegurarse   que  el concepto emitido;  a título personal, será  apoyado  por  terceros hasta convertirse con el  transcurso del tiempo en  lo que llaman “una verdad a voces”.

He descubierto que mientras  los  buenos,  son  confirmados  como tales  post mortem , los malos en cambio no deben esperar  al final de sus días pues llegan  a ese trance   con ganada fama de su negativa  condición.

El bueno es sólo bueno, a secas,   a lo sumo en su  cúspide llega al rango  de muy bueno.  En el malvado  en cambio,  convergen diversas tipologías, expresadas en improperios con el cual allegados o  desconocidos refuerzan  la denominación  culta  de su maldad. Esta acción es  determinante en el escalafón  del mal tipo. Tal es así, que de expresarse a secas, “ha sido malo”, desmerece su  jerarquía.

Presiento que no ha de ser cosa  fácil  ejercer la categoría de malo  a sabiendas,  o hacerlo con profunda convicción,  y menos aún ser  consciente del daño que se auto inflige. Es más,  doy por seguro  que si fuera viable   confeccionar un registro  de unos y otros  los buenos  serían mayoría.

Si consultamos  el Diccionario Español, que desde 1735  ha sido nutrido como toda obra de consulta, entre otros hechos, por las   acciones   del hombre   a lo largo de las épocas, veremos  con  sorpresa  que  los  sinónimos  de     “bueno”  son ampliamente   superiores en número, confrontados   con   los de “malo”.   Se dice del individuo bueno: virtuoso, honesto,  benévolo, bondadoso, amable, humano, afable, caritativo, sensible,   grato, compasivo,  humanitario, recto indulgente, crédulo, bonachón, candoroso, bienhechor, piadoso, comprensivo, justo, íntegro, honrado, decente, intachable, irreprochable, honorable.  Del malo se expresa que es:   funesto, nefasto, perjudicial, cruel, execrable, malvado, perverso, infame,   canalla, diabólico, dañino, maléfico, vil, pérfido, maligno, peligroso, nocivo.

Usted podrá disentir con mi teoría, argumentando que en otros idiomas los antónimos no muestran marcada diferencia en su cantidad. Convengamos que fuera  así. En ese caso, estos datos me llevan a inferir que los hispanos parlantes  han  actuado en el correr de los tiempos con mayor bonhomía que otras culturas.

Usted podrá discrepar  nuevamente. En ese caso, esta nueva divergencia  me tiene sin cuidado,  como el mote de solitario  o el temita de no apreciar   los atardeceres.


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